AGILE o la “lógica pura aplastante”

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Estamos inmersos en un momento interesantísimo, de descubrimiento de técnicas innovadoras, de nuevas metodologías que nos prometen la “Ítaca” del conocimiento, de la creatividad y de la eficiencia.

Hemos aprendido a pivotar (eso ya me lo enseñaron en baloncesto), a iterar (eso no hay quien te lo explique, porque seguro que viene de algo), pero qué tal si decimos cambiar, darle otro giro, el típico “dale una vuelta más al tema”, míralo desde otra perspectiva, es broma

Para mí, lo más relevante de estas nuevas metodologías son dos aspectos. El primero es que vuelve a los básicos. Si os fijais lo primero que plantean es EMPATIZAR con tu cliente: Toma ya! ¿Es que nos lo tienen que recordar? Ahí está gran parte del problema, que cada uno está para hablar de “su libro” y no para escuchar las necesidades del otro, para preguntar cómo le podemos facilitar la vida, su trabajo, o cómo hacer el proceso más rápido, más barato o más eficiente.

El segundo es que paradójicamente queriendo siempre mejorar NO esperamos a la perfección del producto, sino al “mínimo viable”, es decir, deja ya de hacer experimentos y ve la vida real para ver cómo funciona lo que has planteado, ya sabemos que el powerpoint lo aguanta todo; lánzate, HAZ, prueba.

Muchos de los grandes inventos o avances han ido precedidos de torpes demos o prototipos que fueron la palanca real del despegue. Cuántos de los productos que hoy utilizamos y son superventas en su especie, fueron descubiertos fruto de un intento fallido o de un no abandonar algo que no era perfecto pero aportaba algo (seguro que también te han contando lo de los post-it).

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Luego, de nuevo, nos hemos sofisticado, con un lenguaje propio, con una jerga específica que tienes que incorporar en tu vocabulario porque parece que necesitamos poner nombres originales o distintos a ciertas cosas. Aunque visto desde fuera un GAP (grupo autónomo de personas, según Lean) es algo que todas las compañías querrían tener. Y un Scrum master que vele por la integridad del proceso y no fuera necesario al auditor de procesos interno o a los de RRHH para hacer de policías y que se cumplan los plazos, los procesos, etc.

Estructuras líquidas, pues en muchos casos son líquidas en un sentido distinto, no porque estén basadas en la confianza mutua, ni en las creencias compartidas de objetivos y valores, son líquidas versus sólidas, estables, consistentes. NO líquidas versus silos, jerárquicas, decimonónicas y obsoletas.

Quizá era absolutamente necesario repensar los procesos y las estructuras y por eso hemos abrazado el “Agile Manifesto” como las tablas de salvación, pero amigos, nada cambia si seguimos pensando igual, si no compartimos, si esperamos a ver la reacción del otro para ver si “me sumo” y me implico. Lo bueno del Agile es que el contexto es sencillo y claro: las PERSONAS por encima de los PROCESOS… ya avisamos  “Lógica pura aplastante”.

Seguiremos ahondando en el universo agile porque da para mucho… habéis visto ágil y FR-ágil.

Sé agile my friend y sé un @millenialconcanas y con ganas…

 

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